En todos lados se cuecen habas

No cabe duda que todos tenemos colita que nos pisen como reza un dicho popular muy socorrido cuando tratamos de justificarnos, hoy quiero compartirte este artículo muy interesante que además de justificarnos como país en vías de desarrollo, nos da una perspectiva sobre lo que sucede en otras latitudes y que a pesar de llamarse país desarrollado, tiene sus conflictos como en cualquier parte del planeta donde haya seres humanos. (Tomado del “Dow Jones Newswires” y traducido por Susana Ferreira)

París, 1 de septiembre – Oculto tras sus lentes oscuros, Jean-Pierre Rebete sigue a su presa hacia un callejón angosto de París.

“Ya tenemos a uno”, le susurra a su pareja, quien sale disparado para bloquear el otro lado.

El hombre en el callejón sube la bragueta de sus jeans y se aleja de la pared. Atrapado. Rebete le entrega una boleta de multa y le informa sus derechos.

Rebete es un agente especial de la guerra que sostiene París contra orinar en la vía pública. Parte de una fuerza de élite, de 88 miembros llamada Brigade des Incivilites o Brigada de la Incivilidad, Rebete peina las calles en busca de todo tipo de infractores.

Vestido de civil y manejando un auto sin escudos ni señales de policía, extiende boletas de multa a todos: Quienes tiran basura en la vía pública, distribuyen volantes no autorizados y hasta parisinos que no recogen las heces de su perro.

Pero lo que los franceses llaman urine sauvage, que se podría traducir como orinar a lo salvaje, es la práctica más difícil de erradicar. Si bien la capital de Francia ha emprendido campañas de relativo éxito para que los parisinos recojan las heces de sus mascotas, la ciudad aún batalla con la presencia de orina a la cual es difícil escapar en ciertas partes de la ciudad; la calle, el metro o los parques.

Los miembros de la Brigada dicen que no hay una temporada alta para las infracciones urinarias, pero el calor del verano realza la peste.

Los trabajadores sanitarios de la ciudad tallan y rocían miles de metros cuadrados de paredes y banquetas cada mes, pero de acuerdo con Rebete, exempleado sanitario, los productos que usan, una combinación de desinfectante y desodorizante, rociado con una manguera con agua caliente, no son suficientes para los arroyos que se filtran por las calles empedradas de la ciudad.

“Sólo enmascara el olor”, dijo. “No lo limpia por completo.”

París ha tratado de frenar la tendencia. Unos 400 baños públicos —cubículos grises de autolimpieza llamados Sanisettes—, están dispersos por toda la ciudad y su uso es gratuito desde 2006.

Los Sanisettes atraviesan una renovación; los modelos nuevos incluyen domos y un diseño ecológico, incluyendo depósitos para el agua de lluvia a fin de usarla en el excusado.

Sin embargo los infractores no se amedrentan, dijo Etienne Vanderpooten, un arquitecto del ayuntamiento de la Ciudad de París que ha tratado de acabar con el problema.

En 2005, Vanderpooten dio a conocer un diseño para una pared antiorina, con una superficie irregular que salpica el líquido hacia el propio infractor. El prototipo fue adherido a una pared en una de las áreas más afectadas de esa época, la calle llamada Cour des Petites Ecuries.

Vanderpooten dijo que con frecuencia pasa por ahí para revisar su experimento: “La gente que acostumbraba orinar ahí ya no lo hace”. La ciudad no tiene planes inmediatos de construir más de esas paredes.

Ya sea en pueblos pequeños o ciudades grandes, orinar en la vía pública es un fenómeno global.

París ha emprendido un enfoque gradual para abordar el problema. A principios de la década de 1960, la oficina a cargo de mantener limpia la ciudad, Centre d’Action pour la Proprete de Paris, o CAPP, editó folletos informativos, pósters para el metro y una serie de cortometrajes sobre higiene y calidad del aire.

Después, en 1986, considerando que CAPP necesitaba más manos en su lucha contra la conducta incivilizada, la alcaldía transfirió jurisdicción de la policía a la nueva Brigada.

El reforzamiento de la ley por la agrupación, junto con una campaña de publicidad agresiva, logró eliminar pronto el problema del excremento canino, dijeron las autoridades municipales.

Erick Orblin, director de CAPP, dijo que ha notado un descenso en la población de perros en París desde que iniciaron las restricciones. Algunos residentes ahora preferirían poseer un gato o pez dentro de su vivienda que tener que agacharse y recoger las heces en la banqueta.

Pero la orina es un problema diferente. Del total de 20,000 infracciones que registra anualmente la Brigada, una cuarta parte incluye a personas que fueron atrapadas haciendo sus necesidades en la vía pública.

En 2007, la Brigada distribuyó 1,200 boletas a adultos por orinar en la calle. En 2008, dicha cifra se elevó a 1,800. Para finales de junio este año, la Brigada ya había entregado 1,100 boletas. Las autoridades de la ciudad dijeron que es difícil determinar si el aumento se debe a que la situación ha crecido o a la restricción de Rebete y sus colegas.

Existen otros retos. Los integrantes de la Brigada no detienen a personas sin techo, turistas o gente sin documentos. Esto es porque, sin identificación o domicilio en París, los infractores no tienen forma de recibir notificaciones legales por correo. Las multas pueden llegar hasta los 450 euros (644 dólares), pero se reducirán a un tope de 35 euros al inicio del año entrante.

Para Rebete, el agente de 53 años de la Brigada, la higiene pública tiene que ver con valores cívicos esenciales. Desde sus pantalones de vestir cuidadosamente planchados hasta sus uñas bien cortadas y el pequeño y brillante arete en su lóbulo izquierdo, todo lo que viste Rebete sugiere un sentido de prolijo orden.

“Hay una falta de civismo”, dijo Rebete, frunciendo el seño ante un charco en la banqueta. “Recuerdo cuando caminaba con mi abuelo hace 40 años y recogíamos cada pedacito de papel que caía en la calle”.

La Brigada opera en turnos de 6 a.m., a 11 p.m., y los agentes siempre patrullan en parejas. La resistencia violenta de los infractores, aunque no es común, a veces ocurre, añadió Rebete.

En un turno vespertino reciente, este funcionario y su pareja recién empezaban a patrullar las calles en su auto compacto Citroen cuando detectaron la primera infracción del día: Alguien tiró basura. Rebete saltó del auto, se colocó un par de guantes de látex y abrió la bolsa de basura. Adentro, encontró lo que buscaba: Una hoja de papel con el nombre y domicilio de un negocio cercano, de ahí provendría el probable infractor.

Cuando trata de identificar otras infracciones, la estrategia de Rebete es mezclarse con la gente. Se coloca sus lentes oscuros, finge esperar el autobús o a un amigo, y sorprende a las personas luego del acto. “No los interrumpimos”, dijo Rebete y añadió que generalmente puede detectar las faltas incluso antes de que ocurran.

Minutos después de que Rebete extendió la boleta a quien atrapó orinando en el callejón, otro sospechoso se dirigió al mismo lugar. Como el anterior, el hombre dio un paso a la izquierda, se acercó hacia la pared y abrió la bragueta.

Rebete sonrió y caminó despacio hacia él, alcanzando el block de boletas adosado a su cinturón.

Bueno amigo lector, eso nos demuestra que a pesar de tener sus problemas, la gente de parís está en pié de lucha por corregirlo, igualmente nosotros no debemos mantenernos inertes ante los que sufrimos en nuestro país, así que no bajemos la guardia y sigamos poniendo nuestro granito de arena para construir un mejor país.
Feliz inicio de semana.

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5 Respuestas a “En todos lados se cuecen habas

  1. Tuve la oportunidad de vagar por París por 12 días en junio 2003 (todavia no existía la red de baños publicos que se menciona) y recuerdo que sí existían casetas de baños con cobro, pero no recuerdo el monto.

    Una noche salí con un grupo de orientales/brasileños y marroquíes (hombres y mujeres) de pachanga y ya no alcanzamos la ultima corrida del metro. En ese momento nos localizabamos lejos del hostal por lo que la mejor opcion era esperar un camion urbano que se tardo mucho.

    La parada del camión no tenía un baño de monedas a la vista . El caso fué que como yo estaba poniéndome morado de las ganas de orinar, que tuve que hacerlo cerca de una alcantarilla, en alguna calle olvidada de Paris en una noche de verano entre la 1 y las 2 am (sí , la ciudad a veces esta sobre-estimada por el lado romantico…jejejeje).
    A mí me dió mucha pena hacerlo, pero no tuve opción. Si me alejaba de la parada el riesgo era perder el camión que ya se estaba tardando.

    Malas noticias para la “Brigade des Incivilites”, si lo que me paso hubiera ocurrido en la actualidad, no me hubieran multado! Sospecho que tendran que abrir el turno nocturno de 11pm a 6am.

    Saludos!

    W

  2. No sé si me equivoque, pero no he notado que esa práctica sea común en Monterrey. Lo es si acaso en las zonas de antros de mala muerte, o lugares frecuentados por indigentes. Tal vez la excepción sean los niños, que por sí son bastante incontinentes. Es posible que sea así porque hay un pudor inato en estas latitudes contra excretar delante de otros que no lo hacen. Es… ¿cómo decirlo?… incómodo. Por lo pronto parece que los parisinos no están poniendo su “granito de arena”… sino su “chorrito de orina”. jaja

  3. Ups, Ludy, efectivamente sin palabras, pero bueno, no podemos pedirle peras a los olmos, hoy me conformo con que el policia no me agreda por algo que no hice, pedirles que nos ayuden para cualquier cosa es ya demasiado.
    A lo mejor me oigo un mucho pesimista pero es que no se como permiten salir de las academias a cada especimen, que mas vale no molestarlos. Y no es que todos sean así, como lo demostró el compañero que se preocupo de tu cara de incredulidad, pero esos son los menos desafortunadamente.
    Que bueno que a tu hijo le estas inculcando buenas costumbres y sobre todo respeto a los demás y a cuidar su ciudad.
    Felicidades.

  4. hola!
    Dejeme que le cuente algo que recien me ha pasado este domingo….Fui con mi esposo y mi hijo(3años) al centro de paseo, de repente a mi niño le dieron ganas de hacer pipi, ya sabrá que a esa edad eso es una verdadera urgencia…Cruzando la calle habia unos baños públicos, de esos de camioncito, pero cerrados…como no vi ningun otro lugar en donde pudieramos entrar, rapidamente busque a un policia que me indicará donde estaba el baño mas cercano, cuando notó que era para el niño me respondió: ah para él? mmmm pues ahi! dijo señalandome una alcantarilla que rodea a las fuentes de la plaza!!!, seguramente le he puesto una cara de incredulidad porque su compañero me sigirió que lo siguera para pedirle al señor del baño-camioncito que nos abriera, al cabo que faltaban solo unos minutos para la hora “oficial”…

    Sin palabras…no?

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